El balance debería ser optimista: Europa nunca ha tenido tantos médicos y enfermeras como ahora, con una cobertura pública sanitaria casi del cien por cien y una envidiable esperanza de vida. Sin embargo, el aumento de ancianos y la falta de niños auguran un futuro más bien achacoso.
Desde 2010, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Unión Europea (UE) publican cada dos años el informe Health at a Glance: Europe (“Europa: La salud de un vistazo”), en el que un panel de expertos analiza los principales retos a los que se enfrentan los sistemas sanitarios europeos. En unas 200 páginas presentan, con abundantes tablas y gráficos, un conjunto de indicadores sobre los recursos sanitarios, las causas de moralidad y enfermedad, los principales desafíos y el gasto sanitario en los 27 Estados miembros de la UE, los 9 países candidatos a la UE (Georgia, Albania, Bosnia y Herzegovina, Moldavia, Montenegro, Macedonia del Norte, Serbia, Turquía y Ucrania), los 3 países de la Asociación Europea de Libre Comercio (Islandia, Noruega y Suiza) y el Reino Unido, con una población total de unos 670 millones. Hay que resaltar las llamativas diferencias entre los países orientales y los occidentales, que suelen quedar difuminadas en las medias.
Cada edición destaca un par de asuntos relevantes. En esta ocasión se examinan con más detalle la escasez de personal sanitario en Europa, agravada por la inmensa presión que ejerció la pandemia, y los problemas derivados del envejecimiento de la población. A fin de reducir las demandas sanitarias crecientes de esa tercera y cuarta edad, los autores recomiendan promover una longevidad saludable mediante campañas de prevención y vacunación y de fomento de estilos de vida saludables.
Pese al aumento de la esperanza de vida y del número de médicos y enfermeras, la sobrecarga de los profesionales por el envejecimiento de la población ofrece un panorama complicado
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Ese gran vuelco demográfico, especialmente pronunciado en Europa, se debe, como es bien sabido, al aumento de la esperanza de vida y a la disminución de las tasas de natalidad. Si en el año 2000 el porcentaje de europeos mayores de 65 años era del 16%, en el 2023 había subido al 21,3%. Si se le añade una tasa de fecundidad media de 1,46 hijos por mujer en edad fértil –con Malta y España en los puestos inferiores– la pirámide poblacional se desmorona. Crecen en consecuencia el número de enfermos crónicos y las demandas de atención sanitaria de larga duración, al tiempo que se reduce la población en edad de trabajar, necesaria tanto para financiar –a través de impuestos o contribuciones a la seguridad social– como para prestar estos servicios.
Faltan profesionales
Con respecto al personal sanitario europeo, 20 países comunicaron escasez de médicos en 2022 y 2023, y 15 escasez de enfermeras, y eso que en promedio el 10% de la fuerza laboral de la UE se dedica a la atención sociosanitaria, con un máximo del 20% en Noruega y un mínimo del 5,5% en Chipre. Sobre la base de los umbrales mínimos de dotación de personal para la cobertura sanitaria universal (CSU), los países de la UE tenían un déficit estimado de 1,2 millones de médicos, enfermeras y matronas en 2022. Por otra parte, más de un tercio de los médicos y una cuarta parte de las enfermeras de la UE tienen más de 55 años y habría que reemplazarlos, pero el interés por las carreras sanitarias entre los jóvenes es más bien bajo, sobre todo en enfermería.
Una solución es recurrir a profesionales extranjeros. Tras una reducción temporal durante los dos primeros años de la pandemia, la afluencia de médicos foráneos aumentó un 17% en 2022 en comparación con 2019, y la de enfermeras formadas en el extranjero, un 72%. En 2023, más del 40% de los médicos de Noruega, Irlanda y Suiza, y más del 50% de las enfermeras de Irlanda no eran de allí. Claro que esta solución exacerba la escasez de mano de obra y la fragilidad general en los países de origen, a menudo naciones de bajos ingresos que ya se enfrentan a graves limitaciones de personal sanitario.
A corto plazo, la mejora de las condiciones de trabajo y de la remuneración es fundamental para aumentar el atractivo de la profesión y retener a las plantillas. Pero la situación no es muy alentadora: en la UE, la tasa de crecimiento en el número de nuevos graduados en enfermería ha sido solo del 0,5% anual entre 2012 y 2022. El aprovechamiento de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial se vislumbra como un atajo para aumentar la productividad de los sanitarios y permitirles centrarse más en el paciente.
Reforzar la prevención
El otro gran desafío, bien conocido, es el envejecimiento de la población. Se prevé que la proporción de personas mayores de 65 años en la UE aumente del 21% en 2023 al 29% en 2050. La esperanza de vida a los 65 años supera ahora los 20 años, pero más de la mitad de estos años se ven afectados por enfermedades crónicas y discapacidades, en especial en las mujeres. Prevenir esas morbilidades aliviaría las futuras cargas sanitarias. Por ejemplo, hasta el 45% de los casos de demencia podrían evitarse abordando 14 factores de riesgo modificables, según la Comisión Lancet de 2024 sobre la prevención de la demencia.
La actividad física insuficiente contribuye en gran medida al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, depresión y muchos otros trastornos en la vejez. Solo el 22% de las personas mayores de 65 años realizan la cantidad de ejercicio necesaria. Las tasas de obesidad, un factor de riesgo para numerosas enfermedades crónicas, también tienden a aumentar con la edad, y alcanzan un 20% entre las personas de 65 a 74 años en toda la UE en 2022.
Un abultado número de muertes prematuras podrían evitarse reduciendo la incidencia del tabaquismo, el alcoholismo, la obesidad y el abuso de antimicrobianos
Promover la vacunación y el autocuidado y vigilar la salud mental son medidas esenciales para lograr una longevidad saludable. “Los costes de la inacción, tanto en términos de reducción de años de vida saludable como de carga económica, son demasiado altos para soportarlos”, escriben los autores.
La esperanza de vida al nacer en la UE alcanzó los 81,5 años en 2023, superando en 0,2 años los niveles anteriores a la pandemia. España, Italia y Malta registraron una esperanza de vida más de dos años por encima de la media de la UE, mientras que Letonia y Bulgaria estuvieron más de cinco años y medio por debajo. Las enfermedades cardiovasculares y los cánceres siguieron siendo las principales causas de mortalidad en 2021, representando el 54% de todas las muertes, seguidas del covid-19 con el 11%. En particular, la mortalidad cardiovascular fue hasta siete veces más alta en algunos países de Europa Central y Oriental en comparación con Europa Occidental.
Problemas de salud entre los jóvenes
Y si las patologías crónicas castigan a los ancianos, los adolescentes no se libran de trastornos causados por la vida moderna. La proporción de jóvenes de 15 años que declararon problemas de salud, en especial psíquicos, como angustia, aumentó del 42% en 2017-2018 al 52% en 2021-22. Como culpables se acusa a los confinamientos por la pandemia, al abuso de internet y de las redes sociales y a una mayor exposición al ciberacoso.
El consumo de tabaco y alcohol, la mala nutrición, la falta de actividad física y la obesidad siguen siendo responsables de buena parte de la morbilidad evitable y la mortalidad prematura. En 2021, aproximadamente 1,1 millones de muertes, casi el 21% del total, se atribuyeron al impacto combinado del tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y el alto índice de masa corporal. En 2022, el 18% de los adultos europeos fumaban a diario, y uno de cada cinco bebían en exceso. Más de la mitad de los adolescentes consumían cantidades inadecuadas de frutas y verduras, mientras que solo el 15% cumplía con los niveles de actividad física recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
Como resultado, en 2022 más del 20% de los jóvenes de 15 años tenían sobrepeso u obesidad, con tasas superiores al 25% en Malta, Grecia y Rumanía. Las desigualdades socioeconómicas explican que las tasas de obesidad sean un 60% más altas entre los miembros de familias más pobres; ya se sabe que la comida sana es más cara. Entre los adultos, más de la mitad presentaban sobrepeso u obesidad en 2022, con una diferencia de 14 puntos porcentuales entre los que tenían niveles educativos bajos y altos.
Los factores de riesgo medioambientales, como la contaminación atmosférica y el cambio climático, plantean también amenazas crecientes para la salud pública. En 2021, solo la exposición a partículas finas (PM2,5) provocó más de 250.000 muertes, con la mayor mortalidad en Europa Central y Oriental. La UE ha establecido el objetivo de reducir en un 55% las muertes prematuras debidas a PM2,5 para 2030 en comparación con 2005, y los progresos realizados parecen alentadores.
La resistencia a los antimicrobianos no deja de hacer saltar las alarmas. Las infecciones resistentes a los antibióticos ocasionan unas 35.000 muertes al año en la UE, con un coste estimado en 6.600 millones de euros. En 2022-23, el 32% de los aislados bacterianos analizados eran resistentes a los antibióticos, una tasa que superó el 50% en Rumanía, Grecia, Chipre y Bulgaria. El abuso de antibióticos en la ganadería y para enfermedades humanas que no los necesitan son dos factores responsables de esta eficacia decreciente.