Llevar una cruz al cuello fue, durante cuatro largas décadas en Albania, la manera más expedita de ir a dar con los huesos a una cárcel por no menos de cinco años. El país que en 1967 se declaró oficialmente “ateo” bajo la dictadura del comunista Enver Hoxha, pretendía ser la tumba de la esperanza cristiana.
A esa “tumba”, sin embargo, se dirigirá el próximo domingo 21 el Papa Francisco, en visita pastoral de unas 14 horas. “¿Por qué voy a Albania?”, dijo el Pontífice a los periodistas que le preguntaron durante su viaje de regreso de Corea del Sur, y les citó dos motivos: uno, constatar la armonía lograda por musulmanes, católicos y ortodoxos en la conformación de un gobierno de unidad nacional, muestra de que es posible el trabajo conjunto; y el segundo, confirmar en la fe al pueblo de Dios en esa tierra, ayer tan martirizada por la absurda política del ateísmo oficial. “Sentí que tenía que ir: está cerca, se puede en un día…”.
Este viaje pastoral será el segundo de un sucesor de San Pedro al país ribereño del Adriático, luego del que hizo Juan Pablo II en 1993. El Papa celebrará misa en la Plaza Madre Teresa de la capital, Tirana. Por la tarde se dirigirá a miembros de otras confesiones religiosas. Los útimos actos serán un encuentro con sacerdotes, religiosos, seminaristas y miembros de los movimientos laicos, y una visita a un orfanato.
Un alto nivel de corrupción y la incidencia alarmante del crimen organizado obstaculizan el desarrollo del país
Rezando a escondidas
“Albania será siempre fuerte, siempre roja, como tú la deseaste, camarada Enver”, aseguró en 1985, en el funeral del tirano, su sucesor Ramiz Alia, a quien la debacle del comunismo europeo obligó a poner al país en la senda de la transición hacia una sociedad democrática.
El actual subsecretario del Pontificio Consejo Cor Unum, Mons. Segundo Tejado, arribó en 1993 al país, y escuchó el duro testimonio de miembros de la Iglesia local: “Tuve la fortuna de conocer a muchos de ellos —relata a Aceprensa—, hombres estupendos: el P. Lulli, jesuita; el Cardenal Koliçi, de Shkodër; Mons. Ilia, los padres franciscanos y tantos otros, todos ellos con historias de heroicidad y de testimonio de fe enormes”.
“Fue un tiempo muy difícil y largo. El clero albanés estaba muy bien formado, y se mantuvo fiel al Papa y a la propia fe. Lo que el régimen pretendió en un principio no fue destruir las creencias, sino hacer que estas fuesen controladas por el Estado. La Iglesia católica albanesa se negó y se mantuvo fiel a Pedro de una manera heroica. Es una Iglesia mártir”.
Por otra parte, en el contexto de la represión comunista, las familias, con su instinto de supervivencia, habían preferido guardar silencio sobre su credo, cualquiera que hubiera sido este. Los mayores rezaban discretamente, sin hacer parte a los chicos, para evitar que estos cometieran públicamente alguna indiscreción, por lo que la transmisión de la fe se truncó en alguna medida.
El resultado más visible, a día de hoy, es cierto alejamiento de la tradición religiosa. Un reporte de la agencia católica AICA apunta que, en ese país de poco más de 3 millones de habitantes y notable homogeneidad étnica, muchos jóvenes se califican como ateos o agnósticos. Ciertamente, entre la población de creyentes se delimita un mayoritario segmento musulmán (56,7%), uno católico (10%), uno ortodoxo (6,8%), uno islámico bektashi (2,1%) y un importante bloque (16%) que no especifica religión alguna. Pero quienes se definen como seguidores de un credo lo son en buena medida por raíz familiar o cultural, más que por haber experimentado un proceso de conversión personal.
La visita de Francisco al país será la segunda de un papa, luego de la que efectuó Juan Pablo II en 1993
Diversidad religiosa bien llevada
Una especie de tabula rasa en materia religiosa fue lo que encontró a su llegada al país, tras la caída del comunismo de corte estalinista. Cuatro décadas sin catequesis, sin sacramentos, sin expresiones públicas de la fe, y con amenazas muy ciertas sobre la vida de los creyentes (el régimen llegó a asesinar a varios sacerdotes por atreverse a bautizar a un niño en la capital).
En opinión del prelado, el trabajo desarrollado por los primeros obispos ordenados por Juan Pablo II en 1993 ha sido muy meritorio, pues debieron hacerlo todo “desde cero”, desde la reconstrucción de un mínimo para empezar a trabajar. En la actualidad, la Iglesia cuenta con ocho obispos, 147 sacerdotes y 494 religiosos, pero no ha sido fácil llegar a este punto.
“En Albania la fe se confunde con la pertenencia a una u otra familia: soy católico porque pertenezco a tal o cual familia o clan, y esto —que les ha permitido defender su fe en medio de un régimen muy duro— es suficiente. Cambiar esta mentalidad es muy difícil, diría casi imposible. Solamente con las nuevas generaciones existe una posibilidad”.
“Ahora bien, si es cierto que el gobierno comunista no permitió la formación de las personas y las conciencias, no logró arrancarles las raíces religiosas. Durante mi estancia en el país de las águilas encontré una recepción del evangelio mucho más fresca que en nuestros países occidentales, tanto en los católicos como en algunos ‘ateos’, porque en Albania y en los países del este europeo lo que existía era una gran segmento de población atea. La Iglesia se dedicó a alimentar lo poco que había quedado en la memoria de los fieles, pero nos dábamos cuenta de que esto no bastaba para contrarrestar la secularización que llegaba de Occidente. Ya en aquel tiempo éramos conscientes de que hacía falta una nueva evangelización con métodos nuevos”.
Albania es un buen ejemplo de armonía entre musulmanes, católicos y ortodoxos
Una bien llevada diversidad de credos
Sobre el diálogo interreligioso en el país (1), Mons. Tejado pudo constatar que no se trataba de nada forzado: “Los líderes de las diversas religiones se encontraban regularmente para charlar de todos los argumentos de interés, sin preparar los encuentros, como algo muy natural. Este intercambio está favorecido por el hecho que se trata de un único pueblo, una única etnia. Para muchos albaneses, lo primero de todo es la nación albanesa; tienen un sentimiento nacional muy arraigado”.
“En segundo lugar, como afirma Ismail Kadaré, gran escritor local, los albaneses poseen la memoria de haber sido un pueblo unificado en torno al cristianismo. Muchas de las conversiones al Islam fueron forzadas por el Imperio turco a través de un sistema fiscal muy duro que preveía la conversión al islam del padre de familia, el cual, al cambiarse el apellido, daba garantía a todo el clan, pero las personas continuaban sus prácticas religiosas como antes”. “Existe un movimiento muy importante de amistad con todo aquello que sea cristiano, como por ejemplo, su devoción a la Madre Teresa de Calcuta. Lo veremos en el viaje del Papa: estoy seguro que la adhesión será de todo el pueblo albanés y no solamente de los católicos, como sucedió durante el viaje de Juan Pablo II, hace 20 años”.
Las flores de la Madre Teresa
Una de las figuras más queridas por los albaneses es la Madre Teresa de Calcuta, nacida en Macedonia, pero de etnia albanesa. Un hospital de Tirana, el aeropuerto capitalino, la plaza más importante, todos llevan su nombre. Contar, en la narrativa nacional, con una persona de la talla espiritual de aquella religiosa físicamente tan menuda, es motivo de orgullo para muchos.
Entre las expectativas que suscita la visita papal está la posibilidad de que se revele alguna buena noticia sobre la marcha del proceso de canonización de la fundadora de las Misioneras de la Caridad. Su ejemplo de cómo debe perdonar el cristiano quedó en la memoria popular de sus compatriotas a manera de anécdota: en varias ocasiones, la Madre Teresa solicitó de las autoridades comunistas la autorización para poder viajar a su país a asistir a su madre, gravemente enferma, pero fue siempre rechazada. A la caída del régimen, pudo visitar el sepulcro de su madre, pero antes, enterada de que los restos del dictador Hoxha se encontraban no muy lejos, colocó su único ramo de flores sobre la tumba de este.
El nombre de quien perdonó es el que será recordado por los albaneses. El del otro, el del déspota que quiso inmortalizarse al ordenar grabar “ENVER” en una de las laderas del monte Shpirag, próximo a Tirana, ha sido transformado en “NEVER” por sus compatriotas.
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(1) En un evento sobre tolerancia religiosa en Albania, celebrado el 12 de septiembre en Roma, el secretario de Estado de la Santa Sede, Mons. Pietro Parolin, alabó la cooperación existente entre las distintas realidades religiosas albanesas, y señaló que el país “ es el ejemplo que desmiente a quienes usan la religión para alimentar los conflictos”.
Los obstáculos: corrupción y crimen organizadoConsecuencia directa del aislamiento de Albania durante décadas, son sus muy mejorables índices de desarrollo (los peores de todo el continente europeo), y aunque las reformas orientadas a la apertura económica han favorecido la inversión extranjera, con especial énfasis en los sectores de la energía y las infraestructuras del transporte, los altos niveles de corrupción y la incidencia alarmante del crimen organizado funcionan como un disuasorio para potenciales inversores. Según Transparencia Internacional, Albania ostentaba en 2012 el poco envidiable título de país más corrupto de Europa. Tirana formalizó su candidatura a ser miembro de la UE en 2009, sobre la base de un Acuerdo de Estabilización y Asociación rubricado en 2006. El bloque comunitario ha animado al Estado albanés a emprender reformas de calado en el combate contra la corrupción y las mafias del crimen (el Departamento de Estado de EE.UU., en un informe de 2014, deplora que el país continúe siendo “origen y destino” de hombres, mujeres y niños sujetos al tráfico sexual y al trabajo forzado), así como a desarrollar aún más la libertad de prensa y a proteger los derechos de las minorías. El país es miembro, entre otras organizaciones, de la OTAN, la OSCE y el Consejo de Europa. |