“Climategate”: hubo errores pero no tergiversaciones

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Los principales encausados en el llamado “Climategate”, sobre supuestas tergiversaciones de datos relativos al calentamiento de la Tierra, han recibido el respaldo de tres investigaciones que confirman su honradez. El último informe elaborado por el Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC) ofrece conclusiones bien fundadas. Los investigadores de la Climate Research Unit (CRU) de la Universidad de East Anglia (Gran Bretaña), una de las principales fuentes y asesores del IPCC, no cometieron manipulaciones. Un señalado colaborador norteamericano de la CRU sobre quien también recayeron sospechas ha sido igualmente absuelto. Hubo errores y fallos, pero de otra clase.

Después, una investigación sobre los miembros de la CRU, hecha pública el 7 de julio, sentenció que no ve indicios de que manipularan datos, y que “su rigor y su honestidad de científicos no ofrecen dudas”. La comisión que la ha llevado a cabo, presidida por Muir Russell, tampoco encuentra reparos al asesoramiento que dieron al IPCC, ni por tanto base para cuestionar las conclusiones del informe de este organismo, en parte basadas en informaciones suministradas por la CRU. Otras revisiones del trabajo de la CRU, especialmente una de la Royal Society publicada en abril, habían llegado al mismo juicio; pero esta ha sido la más completa. Tras ella, Phil Jones, que había dimitido para facilitar las investigaciones, fue inmediatamente restituido en el cargo.

A la vez, el último dictamen señala algunos fallos en el proceder de la CRU, principalmente una falta de transparencia que ya había sido advertida en pesquisas anteriores y en parte reconocida por el propio Jones. En efecto, Jones y otros de la CRU no quisieron atender peticiones de datos en bruto dirigidas por colegas escépticos. La comisión Russell reprocha a la CRU no haber cumplido, por eso, con la ley de transparencia, que obliga a los organismos públicos o financiados con fondos públicos. Por otro lado, califica de engañoso un gráfico de las temperaturas en los últimos siglos, que elaboró la CRU en 1998 y fue incluido por el IPCC en su informe de 2001.

El IPCC subraya demasiado los negativo

También ha salido bien parado el IPCC en una revisión de su informe de 2007, hecha por el Planbureau voor de Leefomgeving (PBL) holandés, organismo que asesora al gobierno en materia de medio ambiente. El IPCC se pronunció entonces con más seguridad que en las ocasiones anteriores: dijo que, a la vista de las observaciones acumuladas y los estudios más recientes, hay certeza de que existe el cambio climático, y es muy probable que se deba a la actividad humana.

El PBL considera que las conclusiones del informe están bien fundadas, tanto las generales como las relativas a las posibles repercusiones del cambio climático en las distintas partes del mundo. Solamente señala unos pocos errores en los datos y pide más matices en las previsiones.

Los errores, aunque sean garrafales, no afectan a las principales conclusiones del informe. Por ejemplo, el informe pronosticaba un descenso del 50-60% en la captura de anchoas frente a las costas de África occidental; pero la fuente del dato decía en realidad que tal descenso sería de la frecuencia de vientos huracanados y de turbulencia en el agua marina, con efectos no estimados en la pesca de la anchoa. El IPCC ha corregido ese y otros errores.

Lo más interesante es lo que dice el PBL de las previsiones del informe sobre las distintas partes del mundo. Reprocha que el IPCC “tiende a destacar las repercusiones negativas más importantes del cambio climático”. En cambio, no tiene en cuenta como se debe las “incertidumbres” y las “consecuencias beneficiosas”, y recomienda que en los sucesivos informes se dedique un apartado a esos aspectos.

El IPCC no realiza investigaciones propias. Su misión, como le fue asignada por la ONU, es examinar lo que se va averiguando sobre el cambio climático para elaborar informes destinados a los gobiernos, a fin de darles los datos esenciales para tomar decisiones políticas. En sus informes ofrece un muy reducido resumen de la abundante documentación que maneja, con el consiguiente riesgo de simplificar demasiado. Teniendo esto en mente se entiende mejor el comentario de Maarten Hajer, director del PBL: las conclusiones del IPCC subrayaban los peligros del cambio climático porque “eso era lo que los políticos querían saber”. Pero ahora “los tiempos han cambiado”, y la opinión pública pide más matices (cfr. The Wall Street Journal, 6-07-2010).

Para agosto próximo se espera otro dictamen sobre el IPCC, que está elaborando el InterAcademy Council a petición del propio IPCC y de la secretaría general de la ONU. En este caso se trata de revisar el método de trabajo del IPCC, para comprobar si tiene deficiencias que favorecen errores.

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